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jueves, 28 de mayo de 2015

50 años no es nada...

Resumir en un trozo de papel cincuenta años de felicidad a tu lado es tarea difícil para un corazón enamorado como el mío. Nos conocimos desde siempre, crecimos juntos sin pensar en ningún momento que de mayores seríamos pareja; más bien fuimos dos amigos que compartieron vivencias en la posguerra, malos tiempos, pero muy entrañables para nosotros, porque por esa época comenzábamos a despertar a la vida adulta. Fue aquel domingo de verano, después de algunos años, cuando te vi por primera vez como mujer. Tus ojos tenían un brillo especial, eras como una cenicienta que de pronto se había convertido en la princesa de mis sueños. Muchas veces me pregunto cómo pude estar tan ciego, te tuve siempre a mi lado y no me di cuenta hasta aquel día. ¡Qué bonito fue enamorarme de ti, «la neña de los papinos coloraos»! ¡Cómo te ruborizabas cuando te hablaba de mis sentimientos, estabas simplemente... deliciosa! Fue difícil conquistarte, porque una gran mujer como tú necesita a un hombre de su talla. En todo eras superior a mí: inteligencia, constancia, valentía... pero no te importó, me amaste sin condiciones, soportaste mis faltas y seguiste siempre a mi lado... Sin darnos cuenta nos fuimos haciendo mayores, nuestro amor maduró y se hizo más intenso; después de tantos años no podría concebir una vida sin ti. Desde que me levanto hasta que me acuesto tengo presente que eres un regalo de Dios, y a Él le pido cada día que me deje estar a tu lado un poquito más. Aún me queda mucho que aprender de ti, eres una mujer excepcional, que siempre supo sacar adelante todos aquellos proyectos en los que participó, sabes hacer... de todo, pero lo más importante para este viejo enamorado es que he tenido y tengo el privilegio de compartir mi vida contigo. No sé el tiempo que nos queda juntos, por eso quiero aprovechar cada momento como si fuera el último, para que, cuando nos tengamos que separar, me vaya feliz y satisfecho por haber tenido a mi lado a la mejor esposa, madre y abuela... para mí, la mejor. Mi dulce amor. Aunque hayan pasado cincuenta años, siempre serás aquella jovencita risueña que se ponía colorada cuando le hablaba de amor... Entonces te quise, hoy te quiero y siempre te querré.

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