sábado, 30 de mayo de 2015

Amor impar

Extraño me siento al escribir estas líneas... ¿Qué es el amor? ¿Anhelar el placer de la compañía de una persona? ¿Desear el placer de su compañía por encima de todo? ¿La certeza moral de que te llevarías una bala por ella? ¿Respirar su sonrisa?
Me resulta más difícil racionalizar un recuerdo que idealizar, lo cierto es que la relaciones humanas son complejas y más cuando se mezcla el deseo de por medio... Como bien escribió Gabriel García Márquez en el "Amor en tiempos del cólera": “El amor tiene más cuartos que un hotel de putas”. Mi acerbo cuenta al menos con una relación en puntos de suspensión, no por mi falta de voluntad, sino por respeto a la libertad del objeto de mi deseo... No quiere ataduras... Mi actual pareja, indescriptible, del choque de trenes originario, hasta el día de hoy...
¿A quién le soy infiel, a quién amo a día de hoy, o a quién amé primero – prior in tempo, potior in iure, diría el jurista romano? El marco incomparable, el puerto de Alicante, al que he acudido con mi pareja, M-Clan desde el escenario nos transmite la energía canalla, y las rabiosas ansias de vivir del rock stoniano y el blues sucio, coincidimos los tres, feliz circunstancia, estoy eufórico, exultante, las presento, las risas están garantizadas, los celos prohibidos... Nos vamos de copas, desinhibidos... el mundo importa poco, las opiniones de los demás menos, exijo mi heroína inocua, la paz que me transmite acariciar y masajear los pies bonitos de las señoras estupendas, y mi pretensión no me es negada:
Mezcla casi absurda de perversión e ingenuidad... Surgen las primeras ironías picantes sobre lo que se comparte y lo que no... Se acompañan al baño, como hacen las amigas, y vuelven muertas de risa...
Las bromas suben de tono, escéptico, creo que me están vacilando... Que es por lo cogidas ambas dos por la cintura, las provoco a mi vez, con el valor que inspiran las bendiciones de Baco, propino besos húmedos a izquierda y derecha... miradas furtivas de quienes se encuentran alrededor, puedo entenderlo, ni yo mismo me lo explico...
Me encantaría que os besarais entre vosotras, como expresión de la ternura y sensualidad que se ha generado entre todos, lo hacen, tímidamente primero... Hasta que no bajamos los 3 del autobús no me creo que lo que va a ocurrir sea posible, realizable.... Los tres desnudos ya, sin egoísmos, compitiendo por ver quién le proporciona mayor placer a quién. Ceremonia pagana de celebración de la vida... Eros nos sonríe. No puedo evitar sentir que le estoy siendo infiel a ambas dos, porque a las dos las amo...
El cofre de la memoria 



Me decidí a escribirte porque me parece que en los últimos años he olvidado darte las gracias y decirte que te amo. Al redactar esta carta estoy haciendo caso omiso a las recomendaciones de mis amigas, quienes consideran que presentarse en un concurso público con una carta de amor para el ex-marido, produce en el mejor de los casos, caspa. Pero yo siento que con toda esta historia del divorcio y el trajín que significó hacerlo realidad, se han ido pasando los meses y no quisiera perder esta oportunidad. Quería decirte que somos mucho más que un hombre y una mujer que ya no lograban vivir juntos.

Ya van a ser dos años desde que empecé a embalar nuestras vidas para poder cumplirle a la pareja que decidió montar su paraíso de amor sobre las cenizas del nuestro. De todo aquello, como de un naufragio voluntario, todavía siguen apareciendo objetos que daba por perdidos.

De poco valieron los rollos de tirro, papel y plástico; las interminables horas dedicada a envolver meticulosamente cada libro, cada juguete, cada recuerdo y meterlos en cajas identificadas; o las cifras tan exorbitantes como injustificadas que se le cancelaron a la compañía guardamuebles. Con la misma persistencia con la que el óxido y el moho se apoderaron de nuestras cosas, así mismo la tristeza inmensa y una sensación plomiza de fracaso, se filtraron como un líquido espeso a través del papel de burbujas, que pretendía ingenuamente, amortiguar la caída y hacernos protagonistas de una separación posmoderna: sin traumas y sin dolor.

De esos meses perdidos en los que, en efecto, dejamos para siempre de ser “nosotros cuatro” y nos convertimos en otra gente, sólo me atrevo a recordar la última tarde antes de la mudanza en el apartamento de La Castellana, cuando todos bailamos dentro de nuestro cuarto, reducido a un rectángulo semi-vacío con piso de madera: un colchón inflable tamaño King, una laptop y dos cornetas en las que un dúo formado por Juan Luis Guerra y Maná nos recordaba que fue una bendición encontrarnos en el camino. Lo demás me resulta todavía demasiado filoso y permanece confinado bajo llave, en una gaveta bien escondida en lo más profundo del alma, esperando que el tiempo y el psicoanálisis de Margarita hagan su magia. Un día quizás, esos archivos puedan ser decodificados sin causar estragos.

Así como aparecieron la colección de juguetes de madera y los adornos de navidad; así han venido re-flotando muchos de los recuerdos maravillosos de esos casi 16 años que compartimos bajo un mismo techo (aunque tú bien sabes que fueron en realidad muchos techos sucesivos, y cuatro los años finales en los que, como suspendidos en el tiempo, compartimos petrificados techo, pero no alcoba).
Y si bien es cierto que no todos los años fueron buenos y que las razones para no estar juntos siguen estando clarísimas, también es verdad que fuiste mi amor. El de los besos dulces y suavecitos, mi compañero, mi cómplice y el co-autor, impulsor y defensor desde siempre de Camila y Daniela, que son hoy todo lo que me importa. La buena noticia ha sido descubrir que esas memorias cálidas siguen intactas y son la cantera de nuestra relación de ahora, que aunque al añadirle el “ex” por delante machaca siempre lo que ya no somos, tiene, paradójicamente, un presente mucho más plácido que el pasado.

Te confieso que en las malas noches, cuando la culpa y los miedos que me habitan salen de sus cavernas y me atrapan, el saber que cuento contigo me ayuda a liberarme. Porque tú sigues siendo mi aliado, mi único socio en la empresa de la paternidad y tu presencia le añade otra red de seguridad a la peripecia de vivir en esta Caracas contemporánea. Acto que resulta a veces inconscientemente suicida, a ratos tedioso o caótico; pero siempre protegido por una magia imperceptible: como nuestro destino. Qué suerte, Marmotón, la de encontrarte justo ahí, en frente de la cartelera de aquel curso de inglés. Y de verdad, bendita la coincidencia.
Te encontré en mi cuarto


Anoche quise escribirte, pero ya era tarde. Pasaba de la medianoche y yo me debatía si debía mandarte un mensaje o no. Me reí por las noches en las que no lo pensé y simplemente lo hice. 


Pero las cosas cambiaron. 



¿Cambiaron, verdad? 



  Al final me dije que te escribiera, que no habría problema porque ya sabes lo terriblemente espontánea que soy, pero pensé -incluso con el mensaje escrito- que ya no tenía ese derecho, que ya no podía escribirte a mitad de la noche sólo para decirte que te quiero, que ya no era la dueña de tus sueños para irrumpir en ellos, que no debía quitarte horas de descanso sólo por un antojo de mi corazón. 



De mi caprichoso corazón. Anoche quise escribirte, dibujarte una sonrisa en los labios y -quizás, sólo quizás- alegrar tu día, pero entre el jurado, protagonizado por la razón, y el juez que resultó ser mi conciencia, me han negado tan atrevida petición. Para resistir mis impulsos y satisfacer mis caprichos: hurgué en mis recuerdos. Me paré de la cama y encendí la luz, recogí esa caja de madera que guardo en el closet y tomé un viaje en el tiempo; habían fotos, tantas que se me hizo imposible contarlas, notitas de mis amigas, regalos de amores pasados y tú. Si, tú estabas en una pequeña caja en mi armario. 



Estaban tus sonrisas regadas en todos lados, un botón de tu camisa que había encontrado entre mi cabello alguna vez, estaba esa foto que te tomé mientras creías que jugaba con mi teléfono. Luego miré alrededor y me levanté exaltada: no sólo estabas en mi cápsula del tiempo, estabas disperso en toda mi habitación. Encontré tus miradas acostadas en mi cama, tus cosquillas en el suelo -junto a mí-, tus sueños en mi almohada, tus palabras rebotando en las paredes, los atisbos de tus risas guindados en mi espejo y tus besos aún persiguiéndome en el armario. 



La cinta que ataste a mi muñeca, esa que aun no sé de donde sacaste, el día que nos conocimos estaba colgada en el borde de mi cama, recordándome que los sueños se pueden hacer realidad y que la ficción puede llegar a ser real. 



El pasaje de tren de esa vez que pensaste que la primera cita en un viaje de cuatro horas a una ciudad que ninguno de los dos conocía no podía ser más que perfecta, estaba pegado en mi cartelera, en esa zona reservada para los lugares que amo y a los que me encantaría volver.



Todas las notas que me pasabas cuando estábamos rodeados de gente -y cuando estábamos solos- estaban apiladas en un compartimiento especial de la caja, recordándome que alguna vez me dijiste que me dabas escritos porque tus palabras eran demasiado reales y sinceras como para decirlas en voz alta y que jamás las recordara, que de esta forma siempre que lo quisiera estarían allí para mí. 



Guardé el reloj roto que me diste cuando me dijiste que junto a mi no pasaba el tiempo y que por eso siempre seríamos eternos. También estaba la hoja de verano que reposaba en tu cabello la primera vez que nos besamos y el anillo de goma que me diste cuando entre risas y bromas me aseguraste que nos casaríamos. 



Encontré los secretos que nunca te conté, la grapa que me diste cuando te dije que mi corazón estaba roto y las baterías que me lanzaste cuando te dije que no podía más. Amontoné en un rincón tus abrazos en las noches y tus besos de buenos días, tus melodías y tus risas, tus rabietas y caricias. 



También estaban los dobles ejemplares de muchas novelas, esos que comprabas para leer junto a mí o para recitar juntos los diálogos. Por último hallé el mapa que me diste para que eligiera a donde quería ir y el boomerang que venía con el como una promesa de siempre volver a ti. 



Mi cuarto se plagó con palabras no dichas, pero entendidas. Con sentimientos no expresados, pero sentidos. Con abrazos no al cuerpo, sino al alma. Y con un extraño sentimiento que vagamente se parecía a la felicidad y a la aceptación. 



Si, anoche quise escribirte, pero no dejaba de sonreír y de pensar lo ilógico que es que haya guardado tanto de ti y tú no estés aquí; así que con una sonrisa tonta en los labios, albergada allí por tantos recuerdos, y un desastre extravagante en mi cuarto me fui con un Morfeo sospechosamente parecido a ti a la tierra donde todavía gozo de tus abrazos y te robo besos, a la tierra donde siempre seremos eternos. 
Por siempre tuya



Los cuentos saben a poco cuando de imaginarte se trata. El sol alumbra tarde la soledad que dejas al marcharte. El viento se lleva lento el último aroma de noche de la habitación. Y esa lentitud me ahoga poco a poco al no poder dejar de respirar tu perfume. La sonrisa aparece borrada de mi rostro de alma solitaria y la copa de vino de la última celebración todavía continua a la luz de las velas. La alegoría del amor que recuperamos de nuestra juventud todavía permanece en el ambiente, y te puedo asegurar que aunque a veces me encantaría deshacerme de ella, no abro las ventanas para que no se esfume. La cama continúa deshecha, sin haber movido ni siquiera las sábanas, y tu camisa arrugada por la pasión sigue todavía en el suelo. Todo está tan intacto, tan perfecto, como si acabásemos de despertar de la velada, como si todavía estuvieses de pie frente a la ventana mirándome mientras despierto. Y es ahí donde me coloco, tumbada en nuestro nido de caricias, intentando buscar tu silueta entre los rayos de luz que irrumpen cegadores. Pero no hay cuerpo que los obstruya, que impidan que entrecierre los ojos para seguir intentando buscarte. No estas tú. Tú has decidido seguir con tu vida, que aunque no es idílica, es bella. Y yo, no puedo volver a la mía, porque me he quedado atrapada en este paréntesis de tiempo. Me extrañan, ¿sabes? Llevo días sin dejarme aparecer por casa. He pensado en llamar y decir que estoy bien, pero no puedo mentir, no lo estoy. He pensado también en llamarte a ti y suplicarte que vuelvas, que vuelvas conmigo aquí, a esta ruptura de nuestras historias, a este prólogo escrito en medio del libro. Pero no lo hago porque tu respuesta me desgarraría más de lo que lo ha hecho tu partida.  Te has ido de manera silenciosa, y sería más doloroso escuchar el sonido de tu voz en un adiós. El error durante este tiempo no ha sido recordarte, ni ha sido pensar de vez en cuando en ti. La equivocación ha llegado con el naufragio de nuestros desnudos, con el vaivén inesperado de la pasión vivida como un solo cuerpo. Y pensar que ya no eras una droga para mí, y que solo iba a ser un simple disfrute. Ahora eres tú el que no has querido que lo intentemos, devolviendo la moneda del pasado, cuando fui yo la que huí de ti. Así que no nos daremos una tercera vez...Sentenciando así con esta carta lo que es la despedida definitiva de nuestro nosotros, sin poder dejar de decirte... por siempre tuya.
Tu...


Si tú, el que hizo mi vida tan gratamente feliz, el que me robaste todos mis sueños, y todas mis ilusiones. Tú quien se llevo toda mi vida en ti, y todas las lagrimas que han salido, y todos las horas que por montones he pensado en ti.. 

Sí tú, aquel que me arrancó la inocencia, quien me enseño que el amor es solo una ilusión óptica, y que solo se siente no con el tacto, sino con el corazón… Tú, aquel que me llena de dolores de cabeza las mañanas, por haber pensado tanto la noche anterior,..tú quien me promete regresar con el alma en las manos; tú, quien me dice que seremos felices, que me hace imaginar un futuro cada noche que me recuesto; tú, quien me llama y me busca diciéndome que eres un estúpido por haberme perdido, y sin embargo no hace nada por recuperarnos! 

Tú, quien en mi vida, ha sido lo mas puro y absoluto, tan limpio, y tan sucio al mismo tiempo…tú, tan romántico y tan frío; ¡¡tú tan lindo y tan brusco!! 

Carajo, tú, eres a quien amo, aquella persona donde quisiera amanecer cada día a tu lado. Tú, quien quiero que seas padre de mis hijos, y abuelo de mis nietos. Tú, quien quiero ver a cada mañana a mi lado izquierdo al despertar. Tú, quien quiero que me abrase cada vez que me ve. Tú, quien quiero que me estrujes la piel con sólo mirarte. Tú, quien me pone inmensamente nerviosa.Tú, a quien quiero cocinar.Tú, de quien quiero aprender. Tú, donde quiero el resto de mi vida juntos... 

Tú, quien me hace daño. Tú, quien me envuelve en sus palabras más tontas. Tú,¡quien me mientes! Tú, quien es la sonrisa que me imagino todos los días.Tú, la provocación de mis ataques. Tú, quien hace que beba un poco de alcohol, sólo para llorar despechadamente. Tú, quien anda en otros labios, donde sé que no volverás, y donde también sabes que estoy tan irremediablemente dispuesta para ti… 

Tú, quien hace mis días tan largos y tan cortos al mismo tiempo. Tú, la inspiración de mis palabras. Tú, quien siento celos. Tú y tu hombría que me enamora. Tú y tu cuerpo tan imperfectamente perfectos. Tú y tus palabras tan lindas y tiernas, y tan frías y sin amor. Tú, quien no le tiene miedo a nada, más que a ti mismo.. 

Tú, a quien quiero cuidar: proteger, amar, provocar, tener, admirar, tocar, y besar... 

Tú, la inspiración más profunda, ¡la persona más repugnante en mi vida! Tú, a quien he esperado más de mil lunas, tú tan…..tú!! 


Tú eres a quien amo 
A quien espero…. 

jueves, 28 de mayo de 2015

A solas...

Hace tiempo que te fuiste, ya perdí la cuenta de los meses. Hoy he decidido hacer repaso, ya sabes de vez en cuando me gusta observar lo que ocurre en mi mundo desde la perspectiva que te da el tiempo, y me apetecía hacerlo escribiéndote esta carta.
¿Cuánto hace? Ocho o nueve meses. Recuerdo el día que te fuiste y cómo te fuiste. Cuando recogías lo imprescindible para abandonar aquel nido de discusiones. Te observaba sentado sobre la cama, con la angustia apretándome la nuez, la esperanza, un tanto ingenua, que me decía que aquello no era definitivo y el pánico, mucho pánico, pánico en los rincones donde nos besábamos, en todos los lugares donde habitaba tu recuerdo y no sólo el tuyo si no el mío, de mi yo contigo que iba a desaparecer cuando cerrases la puerta. Puede que los dos aborreciésemos nuestras vidas, lo que éramos juntos, pero en el momento de esa muerte tuve miedo, terror a estar solo, ataque de pánico.

¿Por qué tenemos tanto miedo a estar solos?. Pero no tú ni yo, en general. No sé si te habrás fijado, pero he visto demasiada gente a mi alrededor que prefiere resignarse a ser infeliz, que arriesgarse a estar solo. ¿Será que es lo más cercano a estar muerto, es lo más cercano al olvido, a que creas que no existes por no tener proyección en nadie?

La cabeza es curiosa. ¡Sabes si me he duchado veces estando sólo en casa, cuando aún vivías conmigo!. Disfrutaba del momento, que era mi momento, con mi música, con el bao, era el proceso en el que me esforzaba en parecerte más atractivo, ya sabes que siempre he sido un presumido. Desde que no estás, me obsesiona caerme mientras me ducho, quedarme inmovilizado por el golpe en el fondo de la bañera, que nadie escuche los gritos de auxilio y morir de inanición. Cuando me atropellan estos pensamientos ilógicos, es cuando más conciencia de la soledad tengo, cuando escucho lo ecos del pasillo.

Insisto, el ser humano tiene mucho miedo a vivir solo, no está preparado. Cuando dejas a tus padres, es porque te has ido a vivir con tu pareja. Si te separas de la pareja, normalmente lo haces por el amante y si eres el abandonado, con ansiedad buscas un sustituto.

La sociedad tampoco está preparada. La gente “normal” no entiende que uno sea uno y no dos o tres. Tu vecina te mira torcido porque siempre vas solo, la taquillera del cine con lástima cuando le pides una entrada, o si sales a cenar, las mesas de alrededor siempre están ocupadas con familias numerosas, llenas de niños que corretean alrededor, mientras uno clava los ojos en ese bicho tan raro que eres tú.

Las hipotecas tampoco están preparadas para subyugar individualmente….ni tampoco en pareja, pero no quería hablarte de este tema.

Y al hacerte mayor, mayor es el miedo, mayores las dependencias y las querencias hacia la rutina de la compañía, que es el rescoldo de lo que fue la pasión. Nuestra pasión no se apagó, pero nos hacíamos muy mala compañía. Estando contigo ya me sentí solo, me imagino que a ti te pasaba lo mismo. Tan sólo nos buscábamos para besarnos con furia o enfurecernos con rabia. Subimos tantas veces a la cumbre, para luego bajar rodando que nos olvidamos de caminar erguidos.

Hoy te confieso, que fuiste valiente y te marchaste, yo fui cobarde y te abandoné sin irme, sin quedarme, esperando a que te fueras. Te obligué y me dejaste con tres palmos de narices.
Por primera vez en mi vida, he decidido estar a solas. Será que le estoy cogiendo gusto a lo del onanismo.

Por cierto, el gato, que es tuyo y es mío, de un tiempo a esta parte pone cara de querer abandonarme, se lo noto en sus maullidos. Ayer afronté la situación y le dije que si quiere irse tiene las puertas abiertas………Como se vaya adopto un perro……
Algo breve al amor de mi vida

Carta de ella

Francisco:

Hoy quiero escribir. No, no, no estoy comenzando bien. No solo quiero escribir… no se trata solo de mi ritual sagrado y consagrado de las noches, donde hago sangrar, aunque sea a la fuerza las yemas de mis dedos en el intento, inocente y persistente de crearme un oficio, una disciplina. No. Esta noche necesito escribir, las letras salen solas y con fuerza y se apilan en pequeños montones….

Siempre fui una niña mala. Mala por que era diferente, mala porque era solitaria, mala porque nunca encontraba mi lugar. Siempre fui la chica rara, la loca de la casa, la aislada, la huraña. No tuve con quién compartir mis anhelos, mis sueños, mis más secretos temores: las lágrimas siempre se saboreaban solas. ¿Sabes? Pasé noches, largas y muchas, pensando que si algo andaba mal, era en mi, que yo hablaba otro lenguaje, que me era más fácil esconder la cara y huir, correr siempre contra la corriente, correr hacia donde el viento me llevara, correr como una piedra rodante, sin dejar crecer el musgo, sin un hogar ni un destino, sin tener ningún por qué.

Y luego llegaste tú.

Te reconocí en un instante. Un buen amigo decía que los maníacos, los locos caprichosos, despedimos un peculiar aroma que nos hace encontrarnos, diferenciarnos. Yo no te conocí: te reconocí. Fue algo en tu mirada que me dijo: Este es mi hombre, fue algo en el tono de tu voz, en el juego torpe de tus movimientos, en las medias sonrisas, en las miradas veladas que me atrajo hacia ti. Me rompiste el corazón y yo te lo rompí a ti. No voy a hablar de influjos ni destinos: Volví por que así lo quise, volví por que te amaba. Por que extrañaba encontrar en tus besos a ese hombre que en el abrazo me decía que me entendía, que no era extraña, que conjuraba sueños en los que no podía estar otra persona si no tú. ¿Qué veo en ti? Me preguntas una y otra vez. Veo a un cómplice, a mi mejor compañero, mi más entrañable amigo. Veo una brújula, un faro de luz que me recuerda en las tempestades hacia donde va el camino, en donde esta mi hogar. Veo a un loco que habla mi mismo lenguaje, entiende mis señas y sabe ese idioma secreto que solo entre los dos podemos hablar. Veo a un hombre verdadero, determinado a darlo todo por quienes ama, que no teme hacer sacrificios pero que está dispuesto a luchar por sus sueños, que no se atrevería a dejarlos olvidados en un cajón, capaz de luchar hasta el final. Veo una sed de conocimiento, la curiosidad despierta del niño y la certeza adquirida del viejo. Veo -y admiro- la fiera disciplina del oficio de la vocación, veo al escritor, sin trucos, sin magias. Veo -siento- un aroma animal de amante que despierta mi cuerpo y mis sentidos y me hace erizar la piel. Veo -Entiendo, disfruto, comparto- la mente ágil y la fantasía y sueños que habitan y los intrincados corredores y pasadizos de una mente que me fascina, que me seduce. Veo -leo- las letras que me hipnotizan, que me emocionan, los cuentos que quiero escuchar cada noche antes de dormir. Veo, en pocas palabras, los ojos que quiero sean lo primero que mire al amanecer y lo último cuando anochezca, veo la figura del hombre a quien quiero pasar toda mi vida haciéndole el amor, con el cuerpo, con palabras, con historias, con caricias, con la piel y con la mente. Veo al padre de mis hijos. Veo mi pretérito, mi presente y mi futuro en ti

No mentiré: Muchos hombres pasaron por mi vida. Dije “Te amo” más veces de las que quisiera contar ¿Qué es diferente ahora? Me preguntas tú. Y la respuesta más sincera que puedo darte, es que Yo elegí quedarme a tu lado porque tú, solo tú penetraste en la coraza, ante ti me expuse desnuda y sin pretensiones, descubriste lo más hondo, lo más negro y aun así decidiste amarme. Conociste a la niña recelosa y herida, conociste a la mujer desconfiada, agresiva y mentirosa- todavía, todavía me cuesta mucho desprenderme de tantas heridas-. Y al amarme, al perdonarme, las liberas, liberas mis miedos, me haces aparecer. Por primera vez en la vida, tengo un lugar verdadero, por primera vez tu me entiendes cuando hablo, cuando callo, cuando grito y cuando lucho. ¿Y tú? Tú llegaste a mi despojado de mentiras, sincero siempre, con la frente en alto. Dispuesto a protegerme, a luchar por mi, por ti, por nosotros. Y eso es algo que nunca podre pagarte

Así que, Francisco, esta es una pequeña carta de amor que decidí colgar aquí para que la mires cada vez que te de por abrir viejas heridas, que no son pocas las veces. No es una carta buena, no elegí las mejores palabras, no se nada de estilo y menos de gramática. Lo que puedo ofrecerte, es que es una carta sincera. Aquí, en cada letra, estoy yo. Y yo, soy tuya. Enteramente tuya, por que así lo he decidido.

Ahora, amor, a seguir caminando juntos. Paso a paso. Yo estaré tomando tu mano. Y cuando sea el momento… juntos ¡A volar!

Carta de él
¿Qué decir después de esto? ¿Cómo responder a una carta que te desnuda y me desnuda? ¿Qué escribir tras cada segundo que siento que mi corazón no late al terminar de leer tu carta?
Y es que, lo sabes bien… tengo mucho miedo.
Podría hacerte una larga lista de tus cualidades, de tu hermosura, tu inteligencia, tu talento, tu mirada, tu presencia, tu toda tú, pero eso lo sabes bien y te lo digo siempre. Quizá si te contara de los planes, del futuro, de mi vida a tu lado, pero de eso hablamos todos los días y quizá no sea bueno dejar una huella pública y quedarnos nosotros solos con las metas que estamos consiguiendo. Igual si te hablo de mi pasado y las marcas que llevo en mí y la forma en que tus manos curan mis cicatrices, en que tu aliento me revive, en que tu mirada me energiza, pero eso lo vivimos cada día, con cada roce, con cada encuentro. Podría decirte que cambiaste mi vida sólo al conocerte, que me diste motivos y fuerzas para buscar y hacer, para ser, pero todos los días agradezco la vida que buscamos y construímos para que no haya quedado claro ya. O puedo ofrecerte mi vida entera, abrirte mi casa, poner mis tesoros a tus pies, dejarte apoderar de lo que he ido conquistando con mi paso por la tierra, pero ya te sabes dueña y señora de mi pequeño reino y todos te reconocen ya como parte indivisible de mí. Tal vez si me arranco el corazón lastimado, cuarteado, zurcido, con trozos perdidos y te lo ofrezco como ritual antiguo en una plaza pública, pero también ya es tarde, pues llevas mi corazón entre tus manos, como llavero, como pendiente, como la primer ofrenda que te di cuando me regalaste una sonrisa.
Y todo eso parece poco a cambio de la sola posibilidad de verte, de hablarte, de tocarte, de besarte, de compartir tu sueño, tu espacio, el mismo planeta. Y eso me asusta tanto.
Gracias, amor, por regalarme esto y querer ayudar a que se vaya el miedo. Lamento arruinar tan bella misiva con mis inseguridades y mi torpeza y mi falta de palabras y mi no tener una respuesta que parezca adecuada a lo que tú escribiste.
Después de todo… en medio de todo… sólo puedo repetirte una vez más: ¡TE AMO!
Francisco Espinosa.
P.D. He de aclarar, sólo en justicia y para que tus lectores no se queden con el confuso orden en que tú lo has planteado… tú me rompiste el corazón primero.